El reciente linchamiento en Tekit, Yucatán, donde un joven de 21 años fue quemado vivo por una turba tras ser acusado del asesinato de una mujer de 69 años, ha conmocionado a la sociedad yucateca. Este trágico suceso pone de manifiesto un cambio preocupante en el clima social de una entidad que, hasta hace poco, era reconocida por su tranquilidad y cohesión comunitaria. 

En 2019, Mérida fue sede de la XVII Cumbre Mundial de los Premios Nobel de la Paz, evento que reunió a laureados y organizaciones destacadas en la promoción de la paz global. Durante la cumbre, Yucatán fue declarado «Estado de Paz», un reconocimiento sin precedentes que resaltaba el liderazgo y la determinación de la entidad en la construcción de una convivencia armónica. 

Sin embargo, en los últimos años, Yucatán ha experimentado una transformación en su panorama político y social. La llegada de Morena al gobierno estatal, con un liderazgo que actualmente cuenta con un 48% de aprobación, ha coincidido con un incremento en la percepción de inseguridad y una creciente crispación social. El linchamiento en Tekit es un indicio alarmante de esta tensión latente, donde la ciudadanía, ante la desconfianza en las instituciones, opta por tomar la justicia en sus propias manos.

Es imperativo que las autoridades y la sociedad yucateca reflexionen sobre las causas de este deterioro en el tejido social. La violencia y la justicia por mano propia no deben convertirse en la norma en una región que, hasta hace poco, era ejemplo de paz y seguridad. Es necesario fortalecer las instituciones, promover el diálogo comunitario y recuperar los valores que alguna vez hicieron de Yucatán un referente de armonía en México.


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